Primero que todo, los que creen que Harry Potter es el tierno niño que con sus poderes salva la situación, déjenme decirles que nó.  Es todo lo contrario;  es barroso, torpe, baboso, sudoroso y en muchas ocaciones apesta a vinagre.  Mis queridillos, esta es la verdad.

 
En la infancia del pequeño Popper, nada fue fácil, pues era contínuamente rechazado por sus compañeros, que según decían: "Potter come clazón y huele a cochinada".  Fueron muchos los tropiezos de Harry para aprobar motricidad, coordinación, matemáticas y las primeras letras.  Era un torpe, y sus profesores lo sabían, pero igual eran chimbos con él.  Les importaba una mierda.  El tío de Harry no hacía más que humillarlo por sus mediocres notas y por lo petardo que era.  Pero la verdad es que Harry no sufría, porque era tan imbécil que no se daba cuenta de sus actos en general.

 

Hasta que llegó el famoso día, en que el búho le traería la carta de invitación para una escuela de magos de baja reputación.  Harry empacó maletas y dejó atrás su antigua vida, sus tíos y su primo, su mediocre escuela, pero por sobre todas las cosas, dejó atrás su inocencia.

Porque al ingresar a esa escuelucha de medio pelo, empezó a fumar cigarrillo y a tomar trago con unos gaminsitos que vivían en las cercanías del lugar.  6 meses después probó las drogas, tanto la marihuana como la cocaína (y fue por esas épocas que sucedió el bochinche de "La Piedra Filosofal"), pero nada fue tan trascendental como cuando conoció el POPER.  Le encantó.  Empezó a robar a sus compañeros de clases para comprar tarros y tarros de POPER, y poder hacer maleficios horribles con sus amigos, los gamines.

 

1 año después de todo eso, Harry, más gamín que nunca  (por esas épocas ya le decían "Harry Popper"), encontró la cámara del Perico y casi que no lo sacan de allí.  Resulta que la escuelucha de magos es una caleta de narcotraficantes del otro mundo, y Harry encontró ese tesoro.  Y se pasaba días y noches en esa cámara, picando perico, pesándolo, metiéndolo en bolsas, haciendo cuentas y cálculos, y por supuesto, Oliendo.  El rector del colegio (un anciano corrupto) llamó a los traquetos dueños de la caleta y los enteró de la situación.  Los traquetos acudieron de inmediato y sacarón a Harry a punta de bala de la cámara, la cual sellaron para nunca más ser abierta.

 

Cuando Harry entró en la pubertad, ya era un amponcillo de medio pelo, barroso, imbécil y sin residuos de la magia que lo hizo brillar anteriormente.  Es triste, pero Harry va a terminar sus días en "La calle del cartucho" del otro mundo, buscando entre las botellas un poco de Poper para oler.  Triste pero cierto. 


 

Todo po

Regresar a Todo por el Desague

Todo por el Desagüe © 1999 -2007 All Rights Reserved.
SANTIAGO DE CALI, COLOMBIA